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Balance climático 2025: El clima es lo que esperamos, el tiempo lo que obtenemos

El verano mostró dos fenómenos dispares entre sí, por un lado, olas de calor y por el otro, tormentas extratropicales, propias de sensibilidad de la atmosfera. 
 

Villava, 16 de enero de 2026.- Edward Lorenz, meteorólogo y matemático padre de la “Teoría del caos” formuló esta frase muy popular en las décadas de 1960 y 1970, durante el auge la de modelización atmosférica. Nos recuerda al “Efecto mariposa”: donde la sensibilidad de las condiciones iniciales, afectan al resultado obtenido. Asimismo, esta frase conecta también la visión de Alfred Wegener, quien entendía la atmosfera como un sistema físico donde la circulación general conecta fenómenos globales con los aspectos locales.

Trasladando estas teorías al año 2025 en Navarra, se entiende que el efecto mariposa de Edward Lorenz no es solo una demostración empírica, sino una realidad que marca nuestro día a día, desde las borrascas que llenaron nuestros embalses en invierno y primavera, hasta las olas de calor en agosto; cada fenómeno ilustra la frontera entre lo que esperamos del clima y lo que obtenemos del tiempo.
Como sostenía además Wegener, la atmosfera en nuestra comunidad no es un ente aislado, sino un sistema físico en constante movimiento donde el aleteo de la circulación global, determina por decidir si una persona de Tudela necesita protegerse del sol y el calor, o si el campo de Lumbier recibirá nieve en invierno.

Invierno: El rigor del frio y la fuerza del viento

El año natural comienza bajo la influencia de un tren de borrascas atlánticas, Floriane, Garoe y Herminia, donde la circulación general de Wegener transportaba las precipitaciones a la península, y el caos de Lorenz dictaba una distribución irregular de las lluvias, lo que resultó en valores acumulados en invierno de 237 litros en Oco, 148 litros en Aibar, 153 en San Martín de Unx y 135 litros en Cadreita.
En términos térmicos los días más fríos del año se vivieron entre el 13 y el 22 de enero, durante este periodo, una masa de aire polar se estanca sobre la región, llevando los termómetros por debajo de 0°C de forma generalizada. La temperatura más baja registrada fue el 14 de enero en la zona de Lumbier con -7 °C, según la red SIAR (Sistema de información agroclimática para el regadío) distribuida en la zona media y Sur de Navarra. 

Primavera: Dos de cada tres días con paraguas

Tras el paso de las borrascas Ivo, Jana, Konrad y Laurence, donde esta última dejo inundaciones en el sur peninsular, la primavera en la Comunidad foral fue de abundancia líquida, que termina con la borrasca Martinho a finales de marzo, lo que marcó un hito con vientos de 100 km/hora y precipitaciones extraordinarias de 180 litros en Arazuri y 174 litros en Los Arcos.

Esta sucesión llevo a los embalses navarros a una salud envidiable, alcanzando el 90,48% de su capacidad (922 hm3) al cierre de marzo. Lo que provocó que la confederación hidrográfica del Ebro vigilase las crecidas del Arga y el Ebro que rozaban caudales de 1.200-1.400 m3/s en el eje de Castejón – Tudela. Toda esta sucesión de frentes culminada por Nuria y Oliver del 1 al 7 de abril fue tal, que de los 92 días que se compone la estación 68 días se necesitó paraguas. 

Verano: Un calor severo y la influencia de huracanes

El verano mostró dos fenómenos dispares entre sí, por un lado, olas de calor y por el otro, tormentas extratropicales, propias de sensibilidad de la atmosfera. 
Según AEMET, una ola de calor implica superar umbrales establecidos (percentil 95%) durante al menos tres días consecutivos. Navarra sufrió este fenómeno entre el 3 y el 7 de agosto, con temperaturas que rozaron los 40°C en Arazuri y superaron los 41°C en Tudela, generando un riesgo extremo de incendios forestales.
El siguiente fenómeno meteorológico, son los huracanes en el Atlántico Norte que resultan en tormentas extratropicales en Europa. Existe un debate científico sobre la relación entre el calentamiento global y los huracanes, mientras que la NASA sugiere que por efecto del calentamiento de la atmósfera se retiene más humedad lo que resulta en temperatura oceánica más elevada, lo que genera “combustible para tormentas”, desde el blog de Aemet se sugiere que a una atmosfera mas cálida genera mayor cizalladura del viento que ralentiza la formación de tormentas.
Con todo, hay consenso, en que los sistemas que se formen serán más intensos, junto con la temperatura más elevada del océano Atlántico, mantienen su energía por más tiempo, desplazándose hacia latitudes europeas como tormentas extratropicales.
Así ocurrió este verano con la llegada de las tormentas extratropicales de Dexter, Erín, Gabriel entre agosto y septiembre. Aunque no subsanaron la sequía propia de estos meses dejaron registros de 50 litros en Tudela y 60 en Lumbier.

Otoño: El veranillo de San Martin interrumpido por la nieve

El otoño fue un reflejo de variabilidad que Lorenz describió, bajo el influjo de la DANA Alice, que centró su virulencia en el levante, seguido de Benjamín a finales de octubre con acumulados de precipitación de 26 litros en Miranda de Arga, o 19 litros en Bardenas Reales (Barranco salado). 

En cuanto a las temperaturas a principio de octubre, más elevadas para esta época, provocaron un “veranillo” con registros de temperatura máxima de hasta 29 °C en Murillo el Fruto y Tudela el 4 de octubre.

Sin embargo, La borrasca Claudia nos sometió a un desplome térmico radical a finales de noviembre culminado el 21 de noviembre con paisajes nevados en cotas inferiores a 800 metros cerrando un otoño marcado por la inestabilidad.
Conclusión: El tiempo obtenido en 2025

El 2025 se cierra con pluviometrías acumuladas de 690 litros en Adiós, 510 litros en Olite, 513 en Sesma, 430 litros en Funes, 412 litros en Corella a 31 de diciembre. 

Como determino Edward Lorenz, vivimos en un sistema donde el presente aproximado no garantiza un futuro predecible, solo mediante la modelización y análisis numérico de datos de precisión se puede estrechar el margen de incertidumbre que el caos impone.
De la misma manera Wegener, cuya insistencia en entender la atmósfera como un sistema físico global, nos obliga a no perder la referencia de acontecimientos a gran escala, que tienen impacto en lo local. 
En un escenario donde los fenómenos tienden a agudizarse, la unión de las dos teorías nos marca un camino para aceptar la complejidad de la naturaleza, para anticiparnos en la medida de lo posible, a ese tiempo que obtenemos y que desafía a lo que esperamos.


Ilustración 1: Fuente Aemet: Borrasca Martinho con su centro al oeste de Galicia a las 12 UTC del día 20 de marzo de 2025. Imagen RGB color verdadero del satélite Meteosat-12
 

 

 

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