El valor del balance es que transforma una enorme cantidad de información dispersa en conocimiento útil para la toma de decisiones
Cada verano, INTIA presenta el balance de cereal de Navarra, una radiografía de la campaña que analiza la evolución de los cultivos, los rendimientos obtenidos y los principales factores que han condicionado el año agrícola. Sin embargo, detrás de esa fotografía final existe un trabajo continuo que se desarrolla durante los doce meses del año. Jesús Goñi, responsable de Experimentación Agrícola de INTIA, explica cómo se construye este balance y qué papel desempeñan los datos, la experimentación y la colaboración con el sector.
Cuando se presenta el balance de una campaña, ¿el trabajo ha terminado?
Al contrario. La siguiente campaña empieza prácticamente al día siguiente de presentar el balance anterior. En ese momento comenzamos ya a planificar tanto la experimentación que se va a realizar como el seguimiento de todo lo que ocurra en campo durante la nueva campaña.
Además, las cooperativas y el sector empiezan a analizar los resultados presentados para tomar decisiones sobre las próximas siembras. Por eso solemos decir que el balance no es un punto final, sino el punto de partida de la siguiente campaña.
¿Qué información recoge el balance de cereal?
El balance se construye a partir de dos grandes bloques de información que están totalmente relacionados entre sí.
Por un lado, analizamos cómo ha sido la campaña: las condiciones climáticas, el desarrollo de los cultivos, las incidencias que se han producido y los rendimientos obtenidos. Por otro, presentamos los resultados de la red de experimentación y las recomendaciones varietales derivadas de ella.
Realmente son dos partes inseparables. La experimentación ayuda a interpretar lo que ocurre en el campo y, al mismo tiempo, lo que sucede en las explotaciones permite validar y contextualizar los resultados experimentales.
¿Cómo se empieza a generar toda esa información?
Desde el momento de la siembra. Cada campaña es diferente y depende en gran medida de la climatología. Habitualmente las colzas se siembran en septiembre, el grueso de los cereales y las leguminosas entre octubre y noviembre, y los materiales de primavera entre diciembre y enero. Sin embargo, estas fechas pueden variar mucho en función de las condiciones meteorológicas de cada año.
A partir de ahí comienza un seguimiento continuo de la evolución de los cultivos, registrando toda la información relevante que posteriormente servirá para interpretar los resultados de la campaña.
¿Cómo se gestionan todos esos datos?
A través de Gexper, una plataforma propia desarrollada por INTIA para la gestión de la información de experimentación.
En ella se registran observaciones realizadas por el personal técnico en campo, resultados de mediciones, evaluaciones visuales y datos procedentes de diferentes fuentes. También está preparada para incorporar información obtenida mediante nuevas tecnologías, como imágenes captadas por drones o sensores remotos.
El objetivo es disponer de una herramienta que permita no solo almacenar la información, sino también relacionarla y analizarla de forma eficiente.
¿Qué papel tiene la experimentación en este proceso?
Es una pieza fundamental. La red de experimentación de INTIA nos permite evaluar el comportamiento de variedades y técnicas de cultivo en diferentes condiciones agroclimáticas.
Durante toda la campaña se recogen datos relacionados con la implantación de los cultivos, su desarrollo, la presencia de enfermedades, la fenología, la producción y la calidad final de las cosechas.
Toda esa información se analiza conjuntamente para obtener conclusiones y elaborar recomendaciones que puedan ser útiles para agricultores, agricultoras y cooperativas.
¿Cuánto tiempo dura este proceso?
En realidad, dura todo el año. Aunque el ciclo de los cultivos en campo suele ocupar entre ocho y nueve meses, hay un importante trabajo previo y posterior.
Antes de la siembra hay que diseñar los ensayos y planificar la campaña. Después de la cosecha todavía quedan tareas como analizar los datos, estudiar la calidad de las muestras, elaborar conclusiones y preparar las recomendaciones.
Por eso hablamos de un proceso continuo de doce meses.
Además de la experimentación, ¿de dónde procede la información que se utiliza para elaborar el balance?
El balance se apoya en múltiples fuentes de información.
Por una parte, contamos con el trabajo diario del equipo asesor de INTIA, que mantiene un contacto permanente con cooperativas y agricultores y recopila información sobre la evolución de los cultivos durante toda la campaña.
Por otra, incorporamos los datos de las estaciones meteorológicas y la información de rendimientos que las cooperativas nos facilitan al finalizar la cosecha. La combinación de todas estas fuentes es lo que nos permite obtener una visión global y rigurosa de lo ocurrido.
¿Cómo se calculan las cifras globales de producción?
A partir de la información de rendimientos que aportan las cooperativas y de los datos de superficie disponibles a través de las declaraciones de la PAC.
Con esos datos asignamos rendimientos a los municipios y posteriormente agrupamos la información por comarcas y zonas agroclimáticas. Es un proceso técnico que nos permite estimar la producción total de una forma muy precisa y, además, disponer de información territorializada para analizar mejor el comportamiento de cada zona.
¿Qué valor aporta comparar la información de las cooperativas con los resultados de los ensayos?
Aporta muchísimo conocimiento. Las cooperativas pueden facilitarnos información desagregada por variedades. Eso nos permite comprobar si las recomendaciones derivadas de la experimentación se reflejan después en las parcelas de producción.
A veces los resultados coinciden plenamente y otras encontramos comportamientos inesperados. Hay variedades que destacan en los ensayos y cuyo comportamiento posterior en campo plantea nuevas preguntas. Analizar esas diferencias nos ayuda a seguir mejorando el conocimiento sobre los cultivos y a entender mejor cómo responden en distintas condiciones.
Gexper se utiliza ya en toda la red de experimentación. ¿Cuál es el siguiente paso?
Actualmente el cien por cien de los ensayos se gestionan ya mediante Gexper. Hemos completado la transición desde los sistemas anteriores y la herramienta forma parte del trabajo cotidiano del equipo.
Ahora el reto es seguir mejorando la capacidad de análisis y explotación de la información. Nuestra visión es que Gexper se convierta en el gran repositorio de conocimiento agronómico de INTIA y que, en el futuro, tecnologías como la inteligencia artificial permitan consultar y explotar esos datos de una forma mucho más ágil.
¿Qué importancia tiene el balance de cereal para el sector?
El valor del balance está en que transforma una enorme cantidad de información dispersa en conocimiento útil para la toma de decisiones.
Detrás de los datos que se presentan cada verano hay miles de observaciones realizadas durante todo el año, información procedente del campo, de las cooperativas, de los ensayos y de las estaciones meteorológicas. El balance permite integrar toda esa información para comprender mejor cómo ha sido la campaña y ofrecer herramientas que ayuden al sector a afrontar la siguiente con mayores garantías.

